En la historia del arte contemporáneo, existen momentos de validación que definen una trayectoria. Para Luis Navarro Buñuel, ese momento ocurrió en 1969. Este artículo documenta el encuentro entre el joven artista y el maestro malagueño en la Costa Azul, un evento que no solo selló una amistad, sino que confirmó la singularidad de lo que hoy conocemos como Surrealismo Navarresco.
El escenario: La Musarde, 1969
El encuentro tuvo lugar en la posada La Musarde, situada en la carretera de Grasse, Francia. En aquel entonces, Luis Navarro compaginaba su faceta de pintor con la de guitarrista y cantante, actuando en establecimientos de la zona para mantener su libertad creativa. Fue en este contexto de bohemia y rigor artístico donde su camino se cruzó con el de Pablo Picasso.
“Para mi amigo Navarro”: Un retrato único
Como testimonio de su admiración y para sellar ese instante, Picasso realizó un gesto excepcional: tomó un lápiz y dibujó un retrato de Luis Navarro en el reverso de una de las propias obras grabadas del artista. Picasso firmó y fechó la pieza con una dedicatoria personal: “Para mi amigo Navarro”. Este documento, mencionado en las crónicas de Stéphane Cherki, es la prueba física del respeto mutuo entre ambos creadores.
El consejo del genio: “No cambies nunca”
Lo más trascendental del encuentro fue la valoración que Picasso hizo del estilo de Navarro. Al observar sus composiciones de figuras sin rostro y formas ovoides, el maestro fue contundente:
“Has logrado lo que todos buscan: un estilo único. No cambies nunca, digan lo que digan. Este estilo tan personal que has creado es precisamente lo más difícil de lograr en pintura: un estilo que se reconoce sin necesidad de ver la firma.”
El legado del Surrealismo Navarresco
La recomendación de Picasso de “no cambiar nada” permitió que la obra de Navarro evolucionara hacia una síntesis absoluta de la forma. A diferencia de otros surrealistas que buscaban lo recargado, Navarro —apoyado por el juicio de Picasso y más tarde por la galerista Katia Granoff—se dedicó a eliminar lo superfluo para quedarse con lo esencial.



